"En el mundo hay dos superpotencias, la primera es Estados Unidos, la segunda eres tú, la opinión pública."

José Saramago.

[...]Qué más puedo anhelar si el tiempo es un pájaro de alas cortas que vuela alto y fuerte. Qué más puedo saber cuando los glaciares desaparecen[...]

"No puedo pensar que todas las batallas están perdidas, pobre de aquel que nos recuerde que la historia se termina... prende la luz..."

dijous, 4 / juny / 2009

Hay algo serio y roto en las fotografías

ASIENTOS RESERVADOS
Hay algo serio y roto
en las fotografías
que no tiene que ver con el sueño inocente,
ni con la luz que el tiempo apaga
cuando cierra los cuartos,
la mesa de billar y los colegios.

Es la tristeza de los apellidos,
que se parece
a los domingos por la tarde,
ese frío de lista
colgando en la pared o en la mesa.

Más que de lo perdido,
se trata de los puentes invisibles,
narrados con la prosa del recuerdo,
que suelen conducir hasta el futuro.
Hoy sé lo que pasó,
cómo se han comportado
los amores, los cuerpos,
el trabajo y la muerte, con nosotros.
Hoy nos veo correr, salir con prisa
y caras de notario, de aspirante
a la vejez de los rebeldes,
de novio infiel, de buen oficinista
que vuelve a la labor de su apellido,
de padre de la patria o de canalla.
Corrimos a la puerta sin saber
que estaban los asientos reservados.
Hay algo roto y serio
en las fotografías de la infancia.
Serio, por los destinos que se cumplen.
Roto, por las condenas imprevistas.

Los Padres Escolapios
Fueron una gaviota en busca de su mar
y aletearon
durante trece años
en mi agua dormida.
Camino del colegio,
yo había despertado
a los insectos y las nubes,
al orden de la oruga y de los pájaros,
y al de las estaciones dispuestas a su oficio.
No fueron el invierno
los Padres Escolapios,
aunque pasaba el frío por sus declaraciones
de amor a la verdad y a mis rodillas.
También nevó en la historia,
En los dictados y las matemáticas.

Pero sería injusto
no recordar aquí
los ejercicios espirituales
en los que el Padre Iniesta nos leyó a Bertolt Brecht,
o el verbo irregular del mes de junio
cuando fui a la huelga
y no me examiné de religión
en solidaridad con el Padre Mulet,
acusado ante Dios por extremista.
Un ángel delator,
con cara de ocupar su asiento reservado,
exactamente igual que sus progenitores,
me obligaba a elegir y me enseñaba
a conjugar futuros imperfectos.
Durante algunos años
aquel país de pétalos y espinas
giraba más deprisa que la Tierra.

Hay algo serio y roto
en el niño que fui.
Recuerdo que esperé las horas y los timbres
y que el tiempo rodaba
como una bola de cristal.
Al terminar la nieve,
debía descubrir a una mujer desnuda
o al acomodador
que me llamara por mis apellidos,
sesión de los domingos por la tarde,
y a través de las sombras quisiera conducirme
al lugar de mi asiento reservado.

La predestinación
no marca los destinos,
pero cubre los pasos del recuerdo.

LUIS GARCÍA MONTERO