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Es del todo ilógico que Catalunya ocupe el noveno lugar en el ranking de producción de energía eólica en España, con los 420 megavatios (MW) que se generan ahora, frente a los 3.000 de otras comunidades autónomas como Castilla-La Mancha, Castilla y León y Galicia. Bienvenidas sean, pues, las iniciativas públicas y privadas que persigan alcanzar los 3.500 MW en el 2015 que reclama la UE. Catalu- nya, una comunidad caracterizada por un alto consumo de ener- gía eléctrica y con un elevado grado de conciencia medioambiental, está obligada a aprovechar mejor sus capacidades para producir energía limpia y renovable. En este caso, el viento. No se puede estar contra las centrales nucleares y las térmicas y al tiempo combatir los parques eólicos con criterios paisajísticos o supuestamente conservacionistas.El Govern prevé aprobar este verano un decreto que acortará los trámites necesarios para levantar nuevos parques eólicos --de los seis o siete (¡!) años actuales para las instalaciones de más de 10 MW, a un promedio de 12 a 15 meses, que tampoco está mal-- y ve con buenos ojos los proyectos privados para instalar miniparques en una zona tan sensible --por su valor paisajístico y turístico-- pero con tanto viento --la tramontana-- como el Alt Empordà, que se sumarían a los 12 de tamaño normal ya en construcción en la Terra Alta, Anoia, Alt Camp, Conca de Barberà y el Segrià.
Los miniparques --dos aerogeneradores de grandes dimensiones (120 metros de altura) o cinco molinos de la mitad de altura-- supondrían una aportación del Empordà al esfuerzo que otras comarcas hacen a la producción de energía, y aliviarían, de paso, las apuradas arcas municipales.
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