“El olor especial, el gran rumor de la gente, las luces siempre tristes tenían para mí un gran encanto, ya que envolvía todas mis impresiones en la maravilla de haber llegado por fin a una ciudad grande, adorada en mis sueños por desconocida. Mi equipaje era un maletón muy pesado –porque estaba casi lleno de libros– y lo llevaba yo misma con toda la fuerza de mi juventud y de mi ansiosa expectación.” Nada. Carmen Laforet
Me encuentro a pocos meses de cumplir 18 años y probablemente de terminar una etapa en mi vida. Si todo va bien lo siguientes meses serán de cambios. Me iré a Barcelona a estudiar y si me pongo a pensar no puedo evitar acordarme de Andrea, la protagonista de la novela Nada de Carmen Laforet. Lo afronto con la misma ilusión y expectativas que la protagonista afrontaba su llegada a Barcelona para estudiar.
Por un lado tengo la sensación de que necesito ese cambio, cambiar de aires, de personas y de entorno con todo lo que ello significa. Por otro lado significa emanciparme, al menos en parte. Llegar a una ciudad, que aunque no puede ofrecerme aire puro y hermosos paisajes, me estimula y me abre multitud de posibilidades para saciar mi curiosidad. Y además podré estudiar aquello que quiero y sumergirme de pleno en el mundo universitario. Así, nos veo a mis amigos y a mí entusiasmados, “haciendo planes”, ante lo que se nos presenta como nuestro futuro más inmediato.
Pero paradójicamente la realidad que se me presenta a diario es algo menos esperanzadora. El ambiente universitario está bastante caldeado y el plan Bolonia augura años difíciles a las universidades. A esto hay que sumarle la actual crisis financiera y las consecuencias que nos va a traer.
En definitiva, no paro de escuchar lo mal que estamos y los años difíciles que nos va a tocar vivir a la juventud actual. Pero entonces pienso en mis abuelos o en mis padres, en los tiempos que a ellos les tocó vivir, las adversidades que tuvieron que pasar y como a pesar de todo ahí siguen, viviendo. Al final se trata de eso, de ir viviendo. Pase lo que pase ahí estaremos para verlo.
ELS CAMINS- Rosa Leveroni
III
Plau-me seguir els camins que els camps parteixen,
ignorant cap on van,
amarats d'un perfum de terra molla
i d'un errívol cant.
I prenen uns colors de coure càlid
d'un bes del sol ponent,
i celen amb amor, sota les branques,
el fresseig de la gent.
Plau-me seguir els camins que per la vinya
s'enfilen costa amunt,
i tenen per la set i la mirada
un bell gotim a punt.
Plau-me seguir els camins entre pollancres
vetllant un rierol,
i coneixen el vol de les becades,
el joc de pluja i sol...
Amo tots els camins, fins els més aspres,
mentre siguin oberts
i posin tremolor de fruita nova
als meus sentits desperts




4 comentarios:
un poema precioso solo es una lástima que en la frase "mentre siguin oberts" con respecto a los caminos, no hay escrito, más bien, encara que no siguin oberts, porque daría fuerza a tu comentario y al poema. Ante las adversidades hay que abrirse caminos y seguir viviendo.
saludos
Pues sí, estoy de acuerdo contigo. Nunca he sido de conformarme. Aunque tampoco tengo fama de rebelde. La gente se sorprende amenudo, cuando protesto.
Gracias por tu comentario ;)
Muy oportuna y bien traída tu reflexión sobre tu vida y la novela Nada. Carmen Laforet escribió dicha narración cuando tenía unos veinte años y se nota esa frescura, esa tensión del mundo recién descubierto. Del mismo modo, los que te leemos percibimos esa fuerza y esa ilusión que te harán abrir caminos aunque no estén abiertos, como bien te señala Eloi. Es cierto que son tiempos de incertidumbre, pero también de nuevas posibilidades. El crecimiento especulador en que estábamos sumidos no era creativo. Hacen falta jóvenes como tú, como Eloi, que sigan luchando y experimentando con la vida. Suerte en su periplo, y un deseo: el de que sigas escribiendo para dejar constancia de tu aventura existencial. Un cordial saludo.
Hola Joselu, gracias por tu comentario.
Es importante para mi que me animes a seguir escribiendo.
Me gusta escribir, pero lo practico poco.
Un saludo.
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